Hombres del Poder

Jueves 30 de septiembre de 2021
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Arturo de Las Fuentes

Opinión de las Fuentes

Por: Arturo de Las Fuentes

Infraestructura migratoria en la frontera sur

Durante los últimos meses, el fenómeno de la migración indocumentada ha cobrado relevancia en la agenda regional de América del Norte, Centroamérica y el Caribe, derivado en buena medida, por el incremento exponencial de las caravanas migrantes. En julio de este 2021, de acuerdo con datos de la CBP, se registraron encuentros con 212,672 migrantes, algo que no ocurría desde el año 2000.

La búsqueda de soluciones a este fenómeno ha involucrado un sinnúmero de sectores y niveles, desde los acuerdos formales para frenar las caravanas, hasta la búsqueda de acuerdos en materia de cooperación para promover el desarrollo y garantizar la estabilidad interna. Sin embargo, un sector estratégico que hay que tomar en consideración para que todos estos acuerdos lleguen a buen término, es la infraestructura binacional en materia de cruces y puentes fronterizos.

Y para nuestro país, esto cobra mayor relevancia, ya que se ha transformado en un país de tránsito, a un país de residencia para los migrantes indocumentados. En este sentido, la infraestructura binacional, debe ser robustecida, para poder atender los retos y necesidades que enfrenta México en la materia.

Lo anterior, como se ha expuesto en otras columnas, implica considerar a las fronteras, no solo como límites entre los Estados, sino como áreas estratégicas y de potencial desarrollo, en donde la infraestructura se consolida como un pilar para el control y la agilización en el intercambio de mercancías, capitales y personas.

La frontera sur mexicana cuenta con una extensión de 1,196.2 km, que representa aproximadamente una tercera parte de la extensión en relación con la frontera norte; es compartida con Guatemala (959.7 km) y Belice (236.4 km), y está conformada por límites terrestres, fluviales y marítimos, en ambos casos.

Formalmente, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), existen 10 cruces formales: 8 con Guatemala, y 2 con Belice, pero se tienen identificados, alrededor de 56 puntos por donde se puede cruzar, sin que exista un control por parte de autoridades migratorias, aduaneras o militares, de lo que se intercambia entre ambos países.

Esta situación ha facilitado el paso de las caravanas migrantes desde noviembre de 2018, con la intención de llegar a Estados Unidos, lo cual ha rebasado por mucho la capacidad del Estado mexicano para hacerle frente a la problemática. De enero a julio de este año, con base en datos de la SEGOB, se registraron 117,052 extranjeros no documentados en México, mientras que el número de solicitudes de asilo en nuestro país ha batido un récord histórico durante este mismo periodo, con un total de 51,654 solicitudes, de más de 90 nacionalidades distintas, algo de lo que no se tenía registro, en un periodo similar. A lo anterior debemos sumar las decenas de miles de migrantes que se encuentran en la frontera México - Estados Unidos, a la espera de poder cruzar al país norteamericano.

En razón de lo anterior, debemos tener claro que se requiere de una visión a largo plazo y una planeación con base en la cooperación regional, que considere medidas en diferentes niveles y sectores, y que debe iniciar con la infraestructura necesaria para poder mantener el control de las fronteras a la vez que se promueva, el intercambio ágil entre las naciones con base en un plan de desarrollo regional.

Finalmente, queda claro que la migración no es sólo un tema político nacional, sino que demanda acciones unilaterales, bilaterales y regionales para hacerle frente en realidad. En este sentido, la infraestructura debe ser vista entonces como un sector estratégico en la relación México - Estados Unidos, por lo que solo a través de la cooperación y el trabajo conjunto es cómo se verán resultados en el corto, mediano y largo plazo.

arturo@crucesypuentesinternacionales.com

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