Hombres del Poder

Jueves 9 de julio de 2020
hombresdelpoder.com
Rafael Cardona

Opinión de Rafael Cardona

Por: Rafael Cardona

La muerte de la "mentira histórica"

Metidos hasta la médula en el empeño de arrasar el pasado y sus herencias, los fiscales del caso Iguala (SG; FGR) decretaron la muerte de la "verdad histórica" con el peor de los argumentos: la verdad es que no hay verdad, pero en Cocula sí hay restos de los estudiantes asesinados. Y digo asesinados porque no se encuentra uno en el monte trozos humanos si previamente no hubo un crimen.

¿Dónde está el resto de los despojos de Christian, el muchacho ahí desbaratado? La Fiscalía (sucedánea de la Comisión de la Verdad) no lo sabe. Alejandro Encinas tampoco. Pero por encima de lo accidental (el sitio exacto del hallazgo o el lugar a donde quedaron los residuos), no se desvanece lo esencial: la muerte y la dispersión de restos humanos.

Este anuncio confirma la síntesis de las investigaciones de la PGR y las observaciones de la CNDH: los jóvenes fueron secuestrados (si hubo intervención de autoridades, como la hubo; desaparecidos forzadamente); asesinados en grupo y sus cadáveres despedazados, quemados, pulverizados, "pozoleados" o cual haya sido, para borrar huellas y pruebas. Eso es secundario.

Hay 43 muertos en la emboscada contra los autobuses secuestrados y otros seis difuntos en violencias convergentes, también en Iguala. Dos "Avispones", una viandante y tres normalistas. Esa es la verdad. Lo otro es un regateo "ideológico" y político.

Pero si el gobierno anterior probó la autenticidad de restos hallados en el basurero de Cocula y en la bolsa del río (Giovanni y Alexander), de la misma manera y en los mismos laboratorios austriacos, como ahora se demuestra la muerte de Christian Alfonso Rodríguez, no es posible negar la validez anterior con un argumento pueril: el nuevo hallazgo no fue en el tiradero sino a 800 metros de distancia. Es lo mismo.

Pero así haya sido dentro o fuera, el hecho no varía: la identificación de los restos refuta la narrativa incesante de los quejosos: encontrarlos vivos. Para hallarlos llegaron hasta el extremo de exigir la apertura de los cuarteles militares donde supuestamente el perverso Ejército los había escondido en pavorosas mazmorras. Cuando fueron autorizados para entrar, se desistieron. Sabían del inútil empeño. La verdad nunca declarada es simple y por ahí se debería comenzar si en verdad se quiere limpiar la historia: todos están muertos. Pero como dijo la comisionada de los Derechos Humanos del gobierno, Rosario Piedra; nunca admitiré la muerte de un desaparecido.

Por lo pronto la mentira de seguir buscándolos vivos, cobijada bajo el ala magnífica de la esperanza (fomentada por los profesionales Widulfo y Felipe), también se ha derrumbado con todo y la intervención de los forenses argentinos. Pero por encima de todo esto hay algo sorprendente.

Los seguidores del caso caen en cualquier trampa para condescender con quien suelta, así como si nada la paradoja: la única verdad es que no hay verdad.

¿Entonces este hallazgo nada más sirve para demostrar la distancia entre el basurero y el paraje "La carnicería"?

Esta evidencia no destruye la "verdad histórica" en cuanto al destino macabro de los estudiantes. Cambia, relativamente, la ubicación de sus despojos, con lo cual favorece los dichos previos de la PGR: el basurero de Cocula no fue el único destino final de todos los muchachos; hubo otros sitios. Y ahora lo comprueban.

Lo demás son ganas de prevalecer a través del discurso disruptivo.

La "mal llamada" como le dice Alejandro Encinas "verdad histórica" no se ha desvanecido a pesar de afianzarse el empeño de negarla. Su punto medular, la muerte y la indigna disposición de los cadáveres despedazados, con pruebas en el basurero y ahora otro a menos de un kilómetro de ese lugar, ha quedado firme.

Hoy, si se quisiera borrar la hilarante frase de una verdad consistente en la ausencia de la verdad, con la cual Encinas pasará a la historia, se deberían analizar los otros 114 restos hallados por la CNDH, susceptibles de aportar luces en este complicadísimo caso cuya mayor complicación es el manoseo a través de los años.

Hoy tragan gordo los profesionales del Pro, los forenses argentinos, los empleados de la OEA en el GIEI; Widulfo, Felipe y demás, y todos quienes no tuvieron otro remedio sino derribar la mentira histórica de buscar personas vivas a sabiendas y con evidencias, del asesinato colectivo.

D.C. ¿Deveras Trump ha sido casi el benefactor nacional, el mejor amigo, el hombre respetuoso o se nos fueron las cabras en el empeño de alabar a quien poco se merece?

elcristalazouno@hotmail.com

Twitter: @cardonarafael

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