Hombres del Poder

Lunes 17 de febrero de 2020
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Gonzalo Carrasco

De aviones y algo más

Por: Gonzalo Carrasco

Diálogos con Hernán Cortés, de doce a diecinueve años

Hola Señor Cortés, ¿Don Hernán debo llamarle?. Mi nombre es Genaro Azcué, soy piloto, por el momento me encuentro trabajando para la línea Grand Azteca Airlines, ¿puede imaginar lo que significa para mi esa palabra... "Azteca"? Usted debe estar bien familiarizado con ella, ¿o no?. No sé de qué manera vine a dar acá pero estoy interesado en conocer ciertos asuntos que tienen que ver con mi país, ya analizaremos cómo es que estoy con usted platicando. Por ahora no le daré mayores detalles de mi aparición en estos lares pero con el tiempo lo haré.

Tengo muchas dudas acerca de su vida. Realmente me interesa saber cómo una persona, una sola, fue capaz de dar tal paso en el descubrimiento y conquista de un pueblo tan avanzado de la época. Lo quiero saber todo, desde que fue enviado por sus padres a la ciudad de Salamanca para hacerlo bachiller en leyes o antes, si esto es posible. Me interesa saber desde que vivía con sus padres en Medellín, sé que era un hidalgo de campo, que disfrutaba de las correrías a caballo con don Martín Cortés de Monroy, su padre, yendo tras las liebres al lado del galgo familiar. Ah, y sé de sus aventuras, con sus amigos de pandilla, a los cuales lideraba atinadamente aunque su condición enfermiza le impedía disfrutar al máximo de estas. La devoción de la familia, característica de las familias de aquellos tiempos y la preocupación de su señora madre Doña Catalina Pizarro Altamirano le hicieron encomendarse a todos los apóstoles aunque uno fue de su predilección, San Pedro. Bueno, fue en este apóstol en quien recayó la responsabilidad de darle a usted la fortaleza necesaria para la gran responsabilidad a que estaba destinado. Porque, ¿sabe qué?, no me convenzo de que haya sido a través de su nodriza, esa gran devota mujer que había elegido al apóstol San Pedro como su predilecto. Quién sabe si por su don de mando, como preparándolo para la gran misión que tendría que afrontar como conquistador de México, mas bien, de Tenochtitlán. No debemos olvidar que gran parte de su vida usted mismo dejaba las cosas al azar, a la suerte, sé que usted no era ningún tahúr ni mucho menos, sin embargo, usted, Hernán, bien que sabe la afición que tenía por el juego.

No me lo imagino, don Hernán, jugando con juguetes infantiles, como sería normal en cualquier niño de siete años y sentirse feliz por ello. Usted llegó a Salamanca y fue inscrito en la universidad de esa emblemática ciudad española en 1499 justo siete años después de que ese gran navegante de origen hispano-judío descubriera el nuevo mundo y con ello conmocionara a los cosmógrafos de la época por los trastornos que estos cambios ocasionarían en sus conocimientos. Pero ignoraban ellos que había nacido alguien que realmente cambiaría el mundo entero conquistando un exótico imperio que pondría la cereza del pastel al significativo descubrimiento de don Cristóbal Colón.

Con respecto a su corta estancia en la universidad de Salamanca existen varias versiones, don Hernán. Sus biógrafos, entre los que se cuentan personalidades tan destacadas como el padre Bartolomé de Las Casas o su eterno compañero de armas Bernal Díaz del Castillo o su amigo, el también padre Francisco López de Gómara o aún Francisco Cervantes de Salazar, aseguran, unos, que se graduó de abogado, otros aseguran que dejó los aburridos estudios de las leyes porque le llamaba más la atención el estudio de las armas. Conociendo los puntos de vista de estos destacados personajes yo me quedo con la que afirma que usted estudió gramática en la universidad y después de dos años la escuela le causó gran tedio aparte de qué hay que reconocer, don Hernán, ¿no es así? que usted no pudo soportar el nivel de gastos con sus compañeros de escuela. El caso es que su regreso a Medellín fue inminente y el disgusto de sus padres fue mayúsculo pues contaban con tener en la familia a un abogado, profesión altamente distinguida en esos tiempos y … en otros también. El caso, es que a los dieciseis años usted dejó atrás la bella Salamanca, su prestigiosa universidad, a sus adinerados compañeros de escuela, y también las letras, ahora el deseo por hacer algo más que eso, algo material, algo que le diera alimento a su crecida ambición por tener dinero y una posición destacada se había convertido en obsesión.

Le puedo decir don Genaro, que no pude seguir con los estudios, no podía continuar aparentando, me llamaban otras cosas. Mire, lo estudiado en Salamanca me permitió entender el latín, y de una manera no perfecta pero razonablemente aceptada contestar preguntas relativamente elaboradas. Le puedo decir que el hacerme entender con la gente y empecinarme en convencerla se había vuelto algo impostergable para mi. Me sentía hábil en el manejo de las armas aparte del magnetismo que por ellas sentía y en el uso de las letras, aunque lo deseaba, nunca imaginé el alcance que estas dos habilidades me servirían en lo que el destino me habría reservado. Llegué a casa de mis padres con la convicción, y así se los expresé, de alistarme en el ejército, que, en aquel momento el camino de las armas significaba solo dos vertientes, uno la campaña de Italia y el otro en las Indias, los dos significaban desplazarse a lugares muy remotos. Ellos, mis padres, tuvieron que resignarse a aceptar lo que había ya elegido, lo entendieron perfectamente bien y me apoyaron con su aprobación, silenciosa pero valiosa.

Tanto en la campaña que España, país más poderoso del mundo conocido, a raíz de su reconquista a manos de los árabes que la mantuvieron fuera del mundo europeo por más de siete siglos, sostenía en Italia y las misteriosas tierras recién descubiertas por Cristóbal Colón, el gran poderío español era manifiesto. El ir a Italia implicaba ponerse bajo las ordenes del exitoso Gran Capitán Gonzalo de Córdoba y el optar por la Indias significaba seguir los pasos de los españoles que seguían el señuelo del oro y las maravillas de ese mundo lleno de misterios y riquezas. La situación política en las Indias estaba transicionando en el mando, había sido nombrado un nuevo gobernador de las Indias, se trataba del Comendador Mayor de Alcántara, Don Frey Nicolás de Ovando quien sustituiría al ahora sustituido Francisco Fernández de Bobadilla quien a su vez, en su momento relevó a Cristobal Colón en la gubernatura de aquellas tierras, esto fue nombrado por los reyes. Para el cambio de gobernador en las Indias el imperio español estaba preparando una poderosa flota de treinta navíos que aseguraría que este fuese realizado sin ningún sobresalto. A la sazón se encontraba residiendo en Cáceres el señor Oviedo, Cáceres es una ciudad muy cercana a Medellín y al parecer los padres de Cortés tenían cierta relación con Oviedo. La suerte estaba echada, Hernán Cortés se uniría al séquito del nuevo gobernador, ahí encontraría espacio para su ambición.

Oiga, Hernán, ¿qué tal que perdió el viaje con don Nicolás de Ovando, el Comendador, por haber caído de una barda cuando escapaba de un lío de faldas? Era inquieto, ¿no? Pues sí, la verdad era travieso y no medía las consecuencias, será que de joven arriesga uno demasiado. En este caso perdí el viaje que quería emprender pero, me gustaba vivir intensamente mi presente, ya habría otras oportunidades, y … ya ves, esta se dio. Tardé en recuperarme pero finalmente lo hice Contestó Hernán. Finalmente al cabo de un par de años se cambió mi destino, dirigí mis pasos a la campaña de Italia en donde el Gran Capitán don Gonzalo de Córdoba era amo y señor. Ese señor despertó pasiones en los jóvenes que nos hacía vibrar de emoción por la guerra, así que dirigí mis pasos a Valencia. Pero, no, finalmente no me dirigí a Italia a secundar al Gran Capitán a la campaña del país de la bota, mi carácter, mi ímpetu y mis deseos de aventura me hicieron recapacitar. Las aventuras de las indias eran cada vez más sonadas, hablaban de oro, mucho oro, el Nuevo Mundo estaba tapizado del precioso metal, allá (pensaba para mis adentros) sí haría fortuna, solo había que tener una pizca de paciencia para encontrar el mejor convoy que te llevara a navegar hacia un sinfín de aventuras y promisorios futuros. ¿Ya lo ves Genaro, cual fue la razón por la que no me decidí a ponerme a las ordenes de Don Gonzalo de Córdoba?

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capicarrasco@yahoo.com

Twitter: @gcarrascog

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