Hombres del Poder

Lunes 27 de enero de 2020
hombresdelpoder.com
Gonzalo Carrasco

De aviones y algo más

Por: Gonzalo Carrasco

El ratón de Cormorán

Son los ratones animalitos pequeños, de apariencia inofensiva, roedores de dimensiones limitadas, en la mayoría de los casos, repugnantes al momento de la observación, su presencia resulta incómoda, por decirlo de alguna manera, dan temor a quien se los encuentra que, dicho sea de paso, comúnmente es de manera fortuita. Al descubrirlos, de manera casual e inesperada producen una especie de desasosiego porque se escabullen ágilmente en cualquier resquicio que les brinde protección y probabilidad de ocultamiento. La presencia del ser humano los pone en máxima alerta y los impulsa a la huida inmediata, se sienten atacados por los seres humanos sin reparar en que son ellos quienes invaden la paz de los hogares. Lo que es más, caben en casi cualquiera hueco que los conduzca a una estancia segura donde los seres humanos no los puedan "atacar".

Aquella mañana despertó Rosty, gran perro de raza labrador, por costumbre casi humano, mascota de esta familia, ¡qué digo mascota!, sin dudarlo, es parte de la familia, inquieto, más de lo usual. De repente…y sin algún viso anticipado fuera de lo normal, se le erectaron las orejas en señal de alerta, la sangre le quería salir de las venas, los brazos, las piernas, el cuello erguido, todo él era un tema de alerta máxima…algo había escuchado, quizá olió algo diferente a lo que estaba ya acostumbrado. Abandoné el lecho de manera intempestiva, bajé los dieciséis escalones que me llevaban a la cocina siguiendo al can, pensé en calzar zapatos solo por algún encuentro con el roedor que, estando en chanclas, hubiera sido favorable a este, lo seguí hasta la lavadora de trastes, hurgaba insistente en un claro formado entre este aditamento de limpieza de trastos y las cajoneras de los utensilios de plástico. El animal estaba como loco, gruñía en señal de caza (no sé si lo sea por instinto, al menos eso aparentaba ser), listo para atrapar la presa que le había perturbado el sueño,(y a mi, de pasada). No sé si pensaba en proteger al amo, más bien creo que la naturaleza le indicaba el proceder, debía atrapar la presa que ahora se le presentaba.

La hora de retiro se acercaba y el Rosty seguía solo acechando a lo que pudiera significar su presa, no había nada que indicara que la búsqueda quedaría concluida, a menos en el corto plazo. Yo tenía chamba así que poco tiempo había para continuar con la rutina diaria, así que me dediqué a urgir a Rosty a culminar la caza, al menos de ese día. <>, por lo visto nada había de ellos, nada era claro, el recorrido del olfato era el mismo, la verdad que se veía lejos, muy lejos que el improvisado cazador finiquitara su cometido. Un solo ruido raro no se percibía. De pronto me vino a la mente el celular, <>, seguro de que esa era la solución al dilema que amenazaba con extenderse demasiado me dejé llevar por las circunstancias.

<>, con esa hipótesis me dirigía a la parte alta de la casa, obviamente secundando por mi Rosty quien a regañadientes pero leal y obediente al fin y al cabo optó por seguir al amo. La siguiente escala fue en el cuarto de televisión de la parte alta de la casa, fue el sillón del lado contrario a la ventana donde decidí posarme a descansar un rato. <<¿Qué pasa contigo, Rosty?>> cuestioné al animal que reanudó la búsqueda de algún ponzoñoso animal, nervioso como hacía apenas un rato rondaba uno de los sillones del cuarto de tele, justo el que se encuentra en la parte de enfrente del que me encontraba yo. ¿Qué hacer ante el inesperado dilema del ratón de cormorán? Debería ceder y quedar a merced del improvisado nuevo huésped? Solo el hambre que experimentaba mi can pudo vencer su instinto de caza, al tiempo que Rosty devoraba las deliciosas croquetas (lo digo por la prontitud e insistencia como las ingería) mi mente seguía dando vueltas imaginando la ubicación del ratón. Con estos pensamientos que me mantenían sumamente abrumado me dirigí a reanudar mi interrumpido sueño. <> pensé, consiente de lo infructuosa que resultó la búsqueda. Mientras tanto la cocina se convirtió en zona cero, nada podía hacerse mientras no estuviera resuelto el misterio del Ratón de Cormorán.

Al día siguiente el Rosty, que comparte el dormitorio con nosotros, insistía en salir de la habitación, chillaba despertándonos, le urgía continuar su chamba, <> era lo que pensaba y supongo que también mi can que a grandes zancadas recorrió las escaleras hacia la planta baja de la casa y la cocina. No se oía nada, ningún ruido que delatara la presencia del extraño ser, volteo a la izquierda de la cocina y encuentro una evidencia de la presencia del animal, restos de una manzana que olvidamos guardar. Esto era más que una prueba de que teníamos la presencia de un ser que no estaba invitado a esta familia. Mientras tanto el Rosty continuaba su labor interrumpida hacía apenas unas cuantas horas, insistía en indicarme a través de su olfato que atrás de la lavadora de trastes había algo. Me dispuse a mover el útil artefacto, nada había, pensé que el ratón saldría despavorido y entonces el Rosty estaría en posibilidades de atraparlo y concluir la ya prolongada caza. <>reconocí al tiempo que calmaba al Rosty y lo conminaba a interrumpir la extendida labor de caza. Ahora el problema sería dejar al ratón solo, disfrutando a sus anchas la soledad de la casa, todo mundo teníamos que ir a trabajar y no podíamos dejar al perro dentro de la casa so pena de encontrar un desastre a nuestra llegada. Con esta preocupación abandonamos el hogar para emprender un día más de labor llevando en mente el gran pendiente que teníamos por el misterio del Ratón de Cormorán.

Continuará...

capicarrasco@yahoo.com

Twitter: @gcarrascog

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